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10 de Agosto de 2016

Baldomero Lillo (1867-1923)

Cuentista nacional y considerado padre del realismo social chileno, Baldomero Lillo (1867-1923) dio a conocer -a través de su narrativa- la vida de los mineros del carbón. Una de sus principales obras, Subterra, inmortalizó a Lota para las nuevas generaciones del mundo, y fue una contribución a nuestra identidad minera.

La importancia de la extracción carbonífera en Chile surgió alrededor de 1840, debido a necesidades de la navegación a vapor y a fines bélicos. La explotación del llamado oro negro dio empleo a más de dos generaciones de mineros en la Región del Biobío, que debieron trabajar en difíciles condiciones. Tal realidad fue recogida por Lillo, que adelantándose a otros autores, quiso dar a conocer la dura realidad que afectaba a estos esforzados hombres y sus familias particularmente en Lota, recurriendo a la literatura como medio de difusión; coincidiendo, de paso, con una serie de vínculos asociados a nuestra minería.

Herencia minera

La relación de Lillo con la minería carbonífera y la literatura fue doble y estuvo ligada con anticipación a su destino. Primero fue dada ancestralmente por sus padres, Mercedes Figueroa y José Nazario Lillo. De hecho, su progenitor era oriundo de Quillota, pero era un cateador aventurero de minas que recorrió distintos derroteros en busca de riqueza. Viajó a California en 1848, por cusa de la “fiebre del oro”, pero no tuvo suerte.

A los dos años regresó a Chile. Partió a Copiapó deslumbrado por la fama de Chañarcillo. Luego emigró a Bucalemu en su afán por perseguir otra fortuna. Luego, llegó a Lota con miras a los lavaderos de oro de Nahuelbuta, donde encontró pepitas. Allí se radicó. Además, era gran aficionado a la lectura, fomentando el gusto por las letras entre sus hijos Samuel, Emilio y Baldomero, con quienes leía en torno a un fogón.

Segundo y por lo anterior, Baldomero había nacido en Lota donde vivió toda su infancia y cursó estudios de humanidades en el Liceo de Lebu, los que no pudo terminar por la muerte de su padre. Así se vio obligado a obtener empleo en una pulpería de Lota, donde se relacionó de a poco con los mineros y su labor llena de penurias.

Lillo se casó en 1897 con Natividad Millar y tuvo cuatro hijos: Marta, Laura, Eduardo y Oscar. Posteriormente, él renunció a la administración de este negocio, dejó su familia en Coronel y partió a Santiago donde prosiguió trabajando en diversos oficios como agente de seguros, escribiente en una Notaría y empleado administrativo de la Universidad de Chile.

 Obra literaria

En paralelo, Lillo había comenzado a escribir sobre la experiencia vivida durante su propia existencia en Lota y fruto del contacto directo con el mundo del carbón, preparó el cuento “Juan Fariña”, que fue su primera obra. La presentó bajo un seudónimo a un concurso de la Universidad Católica en Santiago. Ganó el primer lugar en 1903, y fue publicada en la “Revista Católica”. Luego realizó colaboraciones con la revista Zig Zag y los diarios “Las Últimas Noticias” y “El Mercurio”.

Más tarde, trató extensamente la vida de los mineros de Lota en “Subterra” que publicó en 1904. Se trató de ocho cuentos mineros, casi documentales, algunos titulados: “El Chiflón del Diablo”, “La compuerta n° 12”, “El grisú” y “El pozo”, por los que recibió el reconocimiento del ambiente literario y gran aceptación de la crítica.

En 1907 salió a circulación “Subsole” que consistió en 13 relatos sobre el campesinado rural y sus costumbres. Después, siguió haciendo poemas y narraciones, pero buena parte de sus borradores fueron editados póstumamente, como la recopilación que José Santos Vera publicó en el libro “Relatos Populares”, en 1942.

Baldomero Lillo jubiló en 1917, y seis años más tarde falleció de tuberculosis.

Extracto de investigación de María Celia Baros, Licenciada en Historia.

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